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La experiencia que se considera única
Alberto Acosta Gómez.
La obra de Yoemir no pretende actualizarse
formal ni conceptualmente, mucho menos responder
a pasados estilos y tendencias, laberintos que a
primera vista podría tomar por sorpresa a los
que tras las imágenes están mal acostumbrados a
enumerar las influencias que poseemos en la
medida en que crece la sensibilidad creadora.
Más bien se trata de retomar patrones que están
de la mano tanto del pintor como del espectador,
logrando una inusual y modesta comunicación a
través de la narración pictórica de cualquier
hecho, cuyo contenido espontáneamente se
manifiesta y adopta más que una posición
hiriente o agresiva, una pasiva y lírica. Donde
cada reacción es la experiencia que se considera
única, con un alto valor vivencial, y es la que
determina la conclusión de lo que penosamente
figura como un producto dispuesto a
independizarse para enfrentar al público más
diverso, el cual aprovecha siempre algo debido a
la diversidad de enfoques que son bastante
osados como para crear especulaciones sobre que
sería del hombre después de superar sus más
comunes dificultades sociales; Las que aquí no
se pierden en la retrospección global
tradicional, sino, que brillan como miembros
activos de un enorme germen el humanismo
indiferente y anti-higiénico, que no se conoce
así mismo y pretende autodenominarse la cabeza
de un universo al que no le sirve una talla
interpretativa tan pequeña |
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